5 Pasos para llegar a quererte

Los cinco pasos para aprender a quererte

Todos sabemos la importancia que tiene aprender a quererte. Lo hemos oído por activa y por pasiva. Pero, todo se complica cuando llega el momento de pasar de la teoría a la práctica. Porque, no siempre sabemos cómo hacerlo.

Y no me refiero, solamente, al hecho de ser compasivos con nosotros mismos cuando las cosas no nos salen bien. También hablo de esos momentos en los que, aun haciendo todo bien, seguimos sin ser capaces de reconocérnoslo o felicitarnos por ello.

Con cierta frecuencia, escucho a mis clientes expresiones como…

“¿Qué van a pensar los demás si digo que estoy orgulloso de mi mismo?”.

“Me da vergüenza decir lo que se me da bien hacer”.

“Hay que ser más humilde”.

Cuando les pido que me argumenten esas afirmaciones, suelen justificarlo con un sin fin de pensamientos o ideas que han escuchado a lo largo de su vida. Y que, en general, tienen que ver con la creencia de que hay que ser humilde en la vida. Y eso, creen que significa que no se puede hablar en positivo sobre uno mismo. Ya que, de lo contrario, puedes ser tachado de soberbio.

Muchos de ellos reconocen que darían lo que fuese por escuchar a sus padres, o a las personas que quieren, reconociendo esa valía que ellos no se atreven a verbalizar. Incluso, llegarían a elegir (o hacer) cosas que iban en contra de sus propios valores. Solo por el deseo de escuchar un “estoy orgulloso de ti”.

Todas estas creencias, así como los comportamientos asociados a ellas, están relacionados con una emoción que con los años ha ido perdiendo su significado original. Y que, a día de hoy está incluso mal vista. Se trata de la emoción orgullo.

Y es que la emoción orgullo ha ido perdiendo su significado original. Y, a día de hoy, está incluso «mal vista«. De hecho, parece que si el reconocimiento nos viene desde fuera, está bien. Pero, si viene de nosotros … no. Sinceramente, no lo entiendo y tampoco lo comparto. Por eso, te propongo hoy hacer algo para cambiarlo. Y aprender a quererte desde ya.

El orgullo. Una emoción «mal entendida»

Empezaré por hacer una breve definición de la finalidad de esta emoción tan vapuleada y poco apreciada.

El orgullo es la única emoción que el humano no comparte con los animales. Nos da la capacidad de crear, de transformar, de imaginar, de crecer y de descubrir. Sin ella, nos sentimos vacíos. Y en búsqueda constante del reconocimiento, por parte de los que nos rodean.

Gracias a esta emoción, nos sentimos capaces de emprender nuevas acciones, de introducir cambios en nuestra vida y de crecer como personas.

Por tanto, es la emoción que te da la fuerza y el coraje que te conduce a la superación y te ayuda a aprender a quererte. El orgullo es el que nos lanza mensajes como: “adelante, tú puedes conseguir lo que te propongas”. “Cree en ti y ve a por tus objetivos”. “Desarrolla tu talento, eso que te convierte en alguien genial”.

Sin embargo, hay que saber distinguir entre el orgullo sano y la necesidad de demostrar. Porque, la realidad es que no todo lo que llamamos orgullo nos ayuda a crecer. A veces, detrás de la necesidad de destacar, conseguir más, demostrar lo que valemos o recibir el reconocimiento de los demás, no hay orgullo, sino inseguridad.

¿Qué es el orgullo sano?

En primer lugar, el orgullo sano no necesita espectadores. No es pensar que eres mejor que los demás, ni convencerte de que todo lo haces bien. Tampoco implica negar tus errores, tus inseguridades o aquellas partes de ti que todavía quieres mejorar.

Significa ser capaz de reconocer tu propio valor sin necesitar demostrarlo constantemente.

Y esto es importante. Porque, en muchas ocasiones, nos resulta más fácil sentirnos valiosos cuando conseguimos algo, cuando cumplimos las expectativas o cuando recibimos la aprobación de los demás. Y el verdadero reto aparece cuando las cosas no salen como esperábamos.

¿Sigues tratándote con respeto cuando te equivocas?

¿Eres capaz de reconocer todo lo que has avanzado, aunque todavía no hayas llegado a donde querías?

¿Tu valor permanece cuando nadie te felicita, te reconoce o te valida?

Aprender a quererte también consiste en eso. En no dejar de reconocerte cuando no puedes con todo, cuando algo no sale bien o cuando no tienes nada que demostrar.

Porque quererte no es pensar que eres extraordinario todo el tiempo. Sino saber que sigues siendo valioso, incluso, en los días en los que no te sientes así.

¿Cómo distinguir entre el orgullo sano y la necesidad de validación externa?

Sin duda, no es fácil saber diferenciar aquel orgullo que realmente te hace crecer y mejorar de esa necesidad de demostrar ante los demás para recibir su aprobación.

Tal vez, por eso, la respuesta a esa pregunta no está en lo que haces. Posiblemente, tus comportamientos sean bastante similares en ambos casos. La respuesta está en para qué lo haces.

Cuando un comportamiento nace de la necesidad de demostrar, intentas ocultar todo aquello que te hace sentir inseguro y mostrar solo las cosas que haces bien. El objetivo aquí es conseguir que todos los que te rodean reconozcan tu valor en ese comportamiento. Por eso, tus logros tienen que ser superiores a los de los demás y los fracasos cambian la imagen que tienes de ti mismo.

Por el contrario, los comportamientos que nacen del orgullo sano son reconocidos, en primer lugar, por ti mismo. Es decir, eres capaz de reconocer lo que haces bien y disfrutar de tus logros. Con independencia de si los demás han conseguido algo igual o mejor que tú, o si has recibido validación externa.

Como te comentaba antes, sabes que no eres extraordinario y entiendes que cometes errores. Y que, estos, son sólo eso: acciones o decisiones que no han terminado como tu pensabas. Y no algo que cambie la imagen que tienes sobre ti mismo o tu valor.

Y ahora que ya conoces un poco mas sobre esta emoción, el orgullo, y que sabes lo importante que es quererse y valorarse para tu bienestar y la consecución de tus objetivos, te propongo una pregunta y su respuesta.

Cómo llegar hasta el orgullo para después aprender a quererte

1 – Respétate. No puedes pretender que nadie te respete si tú no lo haces primero. No exijas aquello que tú no te das. Recuerda que respetarse es saber poner límites, protegerte de aquello que no te hace bien y validarte.

2 – Acéptate. Sí, exactamente, cómo eres. Con tus miedos, tus dudas, inseguridades, fallos y fracasos. Todo eso, también forma parte de ti.

3 – Sé justo contigo mismo. No te traiciones por querer quedar bien con otros. Sé tú y atrévete a mostrarte cómo eres.

4 – Reconócete. Reconoce tus grandezas y valórate por ellas. Muestra tu poder original y exclusivo de ti. No te midas con nadie más que contigo mismo porque eres un ser único. Haz las cosas simplemente por ti, para tu propio reconocimiento. Sin expectativas ajenas y sin esperar que otras personas vean tu brillo. Has de encontrarlo tú primero, luego lo verán los demás.

5 – Cambia la fórmula. No vales por lo que haces sino por lo que eres. Cuando tu valía depende del trabajo, tu comportamiento o los bienes de los que dispones, eres más vulnerable.

El orgullo es tu poder personal, tu poder interior. Nunca entregues tu poder a ninguna persona. No te compares, no te midas con otros, no compitas con ellos, simplemente sé tú. Porque, ya eres genial.

Como psicóloga y coach, sé que no siempre es fácil llegar a quererse. Pero es necesario.

Por eso, si necesitas ayuda para llegar a lograrlo, no dudes en contactar conmigo. Puedo ayudarte en ese gran regalo que puedes hacerte que es valorarte y aprender a quererte.