¿Alguna vez te has visto en la situación de tener que superar el miedo al fracaso? ¿Has abandonado o dejado de intentar cosas incluso antes de darles una oportunidad ?
Una noche, charlando con un buen amigo, me contaba que hace años había abandonado una audición para un espectáculo antes de terminarla. Se marchó del escenario. Lo hizo a pesar de que los directores del casting le pedían que siguiese. Abandonó y quien sabe si perdió una gran ocasión.
Este ejemplo que muestro hoy es algo cotidiano en nuestras vidas y más habitual de lo que nos pensamos. El miedo al fracaso, a cometer errores, a fallar, a equivocarnos hace que, muchas veces, evitemos o huyamos de situaciones.
El miedo: nuestro enemigo oculto
El miedo es una emoción que se da en las situaciones en que nos sentimos amenazados. Percibimos un riesgo o un peligro para nuestra integridad y su finalidad es la de darnos seguridad.
Es decir, el miedo auténtico es necesario y adaptativo para ayudarnos a detectar riesgos o amenazas. Ya que aumenta nuestra seguridad y pone un limite, o barrera, entre la amenaza y nosotros. Lo que hace que esta retroceda o desaparezca.
Hasta aquí todo correcto.
El problema aparece cuando sentimos miedo ante situaciones que realmente no son una amenaza. Porque, ¿dónde está el peligro en intentar hacer algo nuevo o en poner en marcha todos nuestros recursos para llevar a cabo un proyecto?
Cuando nos negamos la posibilidad de intentar algo por el miedo a fracasar, estamos alimentando a nuestro peor «duende interno». Un duro juez y crítico implacable, que nos coloca en una posición de inferioridad. Y una voz interior que nos hace sentirnos inferiores, y con dudas, respecto a nuestra capacidad para conseguir aquello que nos hemos propuesto intentar.
Es decir, el problema aparece cuando identificamos lo que sentimos con lo que somos.
Me explico.
Aunque sea un error, interpretamos los nervios, la inseguridad y las dudas que nos genera ese miedo como una señal de que no valemos o no estamos preparados o capacitados para afrontar esa situación. Cuando lo que pasa, la gran mayoría de las veces, es que nos estamos enfrentando a algo nuevo e importante para nosotros. Y, por eso, nos sentimos así.
Tener miedo a hacer algo mal no es lo mismo que no ser capaz de hacerlo.
Qué hay realmente detrás del miedo al fracaso
La respuesta a esta pregunta tiene su origen en las creencias que tenemos, cada uno de nosotros, en relacion a lo que significa equivocarse, fallar o cometer un error.
Por ejemplo, las personas con una buena autoestima, entenderán el error o el fracaso como parte de un aprendizaje, no como parte de su identidad. Es decir, para ellos, su comportamiento ha sido erróneo. Pero, ellos no son un error.
En cambio, las personas con una baja autoestima se identificarán con el fracaso. De forma que dirán y sentirán que son unos fracasados.
¿Ves la diferencia?
En el primer caso, el comportamiento es el que no ha tenido las consecuencias deseadas. Por lo tanto, cambiando el comportamiento, variará el resultado. Mientras que, en el segundo, es la persona como identidad la que fracasa. Quedado totalmente invalidada y con muchas menos posibilidades éxito. Ya que, a su juicio, no es su comportamiento lo que tiene que modificar, sino todo su ser.
De este ejemplo se desprende la idea de que no todo el mundo tiene miedo a equivocarse. Mientras que, para algunas personas, el error es parte de su aprendizaje, para otras, la posibilidad de fracasar se convierte en un auténtico freno.
Y es que, muchas veces, detrás del miedo al fracaso se enconden aspectos mucho más profundos.
Como puede ser el perfeccionismo o una elevada autoexigencia. Cuando pensamos que hacer las cosas bien significa hacer las cosas “perfectas a la primera”, cualquier posibilidad de duda o error se convierte en una amenaza. Y, en consecuencia, no nos permitimos aprender, probar o admitir que no sabemos hacer algo.
Otro aspecto oculto puede ser la necesidad de aprobación. En estos casos, lo que preocupa no es el error en sí mismo, sino lo que otros puedan pensar de nosotros si lo descubren. ¿Y si les decepciono? ¿Y si descubren que no soy tan bueno? Este puede ser otro ejemplo de un problema de autoestima.
Si vinculamos nuestra autoestima al rendimiento, un error deja de ser solo algo que ha salido mal y se convierte en algo mucho más doloroso. El error nos convierte en fracasados.
Por eso, cuando el miedo al fracaso aparezca con frecuencia, puede ser interesante ir un poco más allá y preguntarnos qué es exactamente lo que tememos que ocurra si fracasamos.
Identificar qué hay detrás de ese miedo es el primer paso para empezar a relacionarnos con él de una manera diferente. Y entender qué estrategia es la que mas nos ayudará a superarlo.
Cómo lograr superar el miedo al fracaso
Sin duda, para superar el miedo al fracaso, el primer paso será darnos cuenta de que realmente lo que sentimos no es miedo auténtico. Quizás, este sea uno de los pasos más complicados porque las personas que lo padecen realmente sienten una verdadera amenaza ante la posibilidad de cometer un error.
Desde mi experiencia como psicóloga y coach te quiero dar un «truco» para identificar el auténtico miedo. Ten en cuanta que todo lo que te bloquee, limite, paralice o te haga sentir incapaz, no es un miedo auténtico. Porque recuerda que el miedo no paraliza, sino que te pone a salvo.
A partir de aquí, y si tienes claro que no estás ante ninguna situación amenazante, puedes aplicar estos 4 puntos para superar el miedo al fracaso:
#1 – Identifica esos pensamientos que te están limitando y colocando en posición de inferioridad
¿Te preocupa que te critiquen? ¿Que vean que hay algo que no sabes hacer? ¿Sientes que vas a decepcionar a alguien al fallar? Ten esos pensamientos a raya y no dejes que condicionen tu vida.
Revisa tu historia personal. Ya sabes que el miedo a equivocarse suele aparecer más en personas muy exigentes, perfeccionistas o con problemas de autoestima.
#2 – Reformula el término fracasar
Hazte estas preguntas con sinceridad. ¿Qué importa si realmente fracaso? ¿Qué es lo peor que puede pasar si lo hago? ¿Qué voy a perder? Y lo que es más importante ¿Qué voy a ganar? ¿Qué aprenderé?
Echa la vista de nuevo hacia atrás y revisa todo aquello que has aprendido gracias a atreverte a probar cosas nuevas. Desde montar en bici, conocer al amor de tu vida o el trabajo de tus sueños. ¿O es que la primera vez que montaste en bici tenías claro que lo ibas a conseguir?
#3 – Plantéate metas realistas y reduce tus expectativas
Es posible que la primera vez que hagas algo o te expongas a salir de tu zona de confort, las cosas no salgan perfectas. De hecho, lo normal sería que no fuese así. La excelencia se consigue practicando. Y, con voluntad y perseverancia, llegarás a conseguirlo.
No pierdas de vista tu objetivo y da pequeños pasos que te acerquen a él. Lo ideal es que tengas una pequeña planificación que te ayude a ir acercándote paso a paso hacia aquello que quieres lograr. De esta forma, el nivel de inseguridad e incertidumbre serán menores.
#4.- Ten a mano siempre un plan alternativo
Es posible que las cosas no salgan como habías pensado, pero eso no quiere decir que tengas que abandonar tus proyectos. Cuando nuestra mente piensa en términos dicotómicos de todo o nada, de blanco o negro, de nunca o siempre, nos estamos perdiendo una gran cantidad de opciones y posibilidades.
Flexibiliza tu mente y ábrete a nuevas formas de comportamiento. Atrévete a hacer las cosas distintas y usa el pensamiento creativo.
Recuerda que, aunque las cosas no salgan bien a la primera, no quiere decir que ya no se logre.
Y, por último, pero no por ello menos importante, atrévete a hacerlo.
Las cosas se pueden hacer con seguridad o con inseguridad, con miedo o sin él, y la decisión está en tu mano. De hecho, la mayoría de las cosas nuevas, o que hacemos por primera vez, tenemos que afrontarlas con inseguridad y miedo. Ya que la confianza no llegará hasta haberlo intentado.
El miedo al fracaso es un falso miedo, puesto que no hay ninguna amenaza en equivocarse. ¡Todo lo contrario! Y, solo aquellos que lo intentan lo consiguen.
Cree en ti y en tus posibilidades. Evalúa tus recursos. Y, si necesitas ayuda, no dudes en pedirla. Porque no puedes conformarte con renunciar a tus sueños y, mucho menos, antes de haberlo intentado.